REALIDADES INTERNAS
centro bellas artes – sala oscar d’empaire. 20 octubre 2017 – 20 enero 2018
Johan Galué es, ante todo, un gran artista. Su obra lo indica. Conversar con él, así lo confirma. Por circunstancias de su vida, ocupa parte de su tiempo trabajando como policía en Maracaibo. Afortunadamente, para su bien, en labores administrativas. Ha recibido mucho apoyo por parte de esa institución para poder disponer de tiempo para pintar, dibujar así como para participar en la restauración de los frescos de la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Maracaibo. Viendo las cosas de este modo, es un hombre muy afortunado.
Desde su época de estudiante en La Universidad del Zulia, centró su formación e interés en el dibujo. De allí derivan gran parte de los personajes que conforman el universo temático de su obra. Muchos de estos personajes eran tratados de manera casi hiperrealista, con un dibujo cuidadoso en los detalles visto en el tratamiento del claroscuro en los volúmenes de los cuerpos, y, por supuesto, en los rostros. Sin embargo, ellos ya se insertaban en contextos difusos, permaneciendo suspendidos o flotando, indicando que no siempre lo veraz existe en la realidad tal como la vemos e identificamos. Desde entonces a la actualidad, Johan establece dislocadas relaciones proporcionales entre las figuras y los objetos, condición que persiste en los sueños e invenciones que ahora presenta.
Su obra más reciente justamente se centra en ello: en la presentación de mundos oníricos en los que impera la imaginación. Señala Johan que sus imágenes poco provienen de la realidad cruda que observa el policía, y más bien provienen de asociaciones que surgen de la práctica diaria del artista. Una práctica que realiza con humildad, en permanente intercambio de ideas con amigos artistas, poetas y músicos de Maracaibo.
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Johan Galué es, ante todo, un gran artista. Su obra lo indica. Conversar con él, así lo confirma. Por circunstancias de su vida, ocupa parte de su tiempo trabajando como policía en Maracaibo. Afortunadamente, para su bien, en labores administrativas. Ha recibido mucho apoyo por parte de esa institución para poder disponer de tiempo para pintar, dibujar así como para participar en la restauración de los frescos de la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Maracaibo. Viendo las cosas de este modo, es un hombre muy afortunado.
Desde su época de estudiante en La Universidad del Zulia, centró su formación e interés en el dibujo. De allí derivan gran parte de los personajes que conforman el universo temático de su obra. Muchos de estos personajes eran tratados de manera casi hiperrealista, con un dibujo cuidadoso en los detalles visto en el tratamiento del claroscuro en los volúmenes de los cuerpos, y, por supuesto, en los rostros. Sin embargo, ellos ya se insertaban en contextos difusos, permaneciendo suspendidos o flotando, indicando que no siempre lo veraz existe en la realidad tal como la vemos e identificamos. Desde entonces a la actualidad, Johan establece dislocadas relaciones proporcionales entre las figuras y los objetos, condición que persiste en los sueños e invenciones que ahora presenta.
Su obra más reciente justamente se centra en ello: en la presentación de mundos oníricos en los que impera la imaginación. Señala Johan que sus imágenes poco provienen de la realidad cruda que observa el policía, y más bien provienen de asociaciones que surgen de la práctica diaria del artista. Una práctica que realiza con humildad, en permanente intercambio de ideas con amigos artistas, poetas y músicos de Maracaibo.
















